29.8.11

Hasta ayer ese encuentro era para mí la obsesionante representación de una espera, un encuentro eternamente a ver en el futuro, nunca siendo ya 


Acaso usted esperaba de antemano que yo no podría soportar sin miedo su nueva o desacomodada realidad, su realidad al margen de mi recuerdo, su indiferencia por la lealtad de mis emociones


Cuando usted cerró su puerta, sentí en mi la necesaria revelación de que todo aquello que habíamos participado ya no existía, de que mi yo de usted tampoco existía, ni existía -por fin!- tampoco usted


Yo lo inventé a usted con su piel de pecas, con su mirada reticente, con sus manos afiladas y tibias, con sus silencios flexibles, con su recurrente ternura, yo lo creé idealmente imperfecto 

No hay comentarios:

Publicar un comentario